Devolver a la libertad a cuatro secuestrados es un acto plausible de las Farc que no sólo alegra a los Polanco, Beltrán, Gechem y Pérez sino a un país entero. Pero anunciar al mismo tiempo que esta será la última liberación unilateral, empaña cualquier asomo de esperanza para los familiares de quienes aún siguen en cautiverio.
Un duro golpe para quienes esperaban que la "buena voluntad" siguiera tocando los corazones de las Farc y permitiera que siguieran dándose las liberaciones, no sólo de senadores y personajes visibles, sino de los soldados y policías que llevan más de 8 años privados de la libertad.
Sin embargo, ahora son los guerrilleros lo que piden acciones del gobierno. ¿Cuál es la exigencia ahora? La misma de siempre y a la cual el presidente Uribe se ha negado rotundamente: el despeje de Florida y Pradera en el Valle.
Con este panorama es muy probable que regrese el "tira y afloje" entre las partes. Mientras el gobierno no ceda y las Farc tampoco, los familiares y los mismos secuestrados seguirán en el medio de un disputa que solo aumentará la espera y reducirá a su minima expresión la posibilidad de alcanzar la paz en Colombia.